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¿QUÉ HACE FALTA PARA INNOVAR?

 
 INNOVACION INCLAM

Tenemos tecnologías, tenemos conocimientos y estamos en los mercados. Entonces, ¿qué nos hace falta para innovar?

La respuesta a esta pregunta no es sencilla. A poco que realicemos una labor de vigilancia tecnológica, observaremos que frecuentemente surgen nuevos “marcos” en los que a priori podríamos encajar nuestras ideas o centrar nuestros proyectos, pero a la hora de hacerlo ese ejercicio puede convertirse en algo bastante complejo.

Si echamos la vista atrás, podemos observar como grandes iniciativas surgidas hace ya unos años como las Smart Cities, la Industria 4.0 o el Big Data siguen a día de hoy avanzando y evolucionando con tal rapidez que darles adecuada respuesta es bastante difícil para la mayoría de los innovadores. 

Bajo estos paraguas, las tecnologías digitales se volvieron a poner de moda debido básicamente a que tras algunas décadas de desarrollo y evolución ya son algo tremendamente útil para la sociedad. Sin embargo, se sitúan en un entorno tan cambiante que podemos empezar a atisbar su pérdida de protagonismo: innovaciones aplicables en campos como la medicina, nuevos materiales, la logística o la robótica, son en el momento actual los verdaderos protagonistas. Claros ejemplos de lo expuesto son algunos de los Premios Nobel 2018, el de Física ha reconocido una investigación que ha revolucionado los estudios sobre rayos láser para nuevas aplicaciones en los campos de la medicina y de los procesos industriales; el de Economía reconociendo la integración de los estudios sobre el cambio climático y la importancia de las innovaciones tecnológicas con el análisis macroeconómico para el desarrollo de la Economía.

Ahora bien. ¿Significa esto que si no dispones de la tecnología más avanzada, no eres innovador?

La historia está llena de ejemplos en los que tecnologías disruptivas parecían difícilmente aplicables, pero tras un proceso más lento de ingeniería y transformación se iban adaptando hasta convertirse en productos útiles y sobre todo, que la gente estaba dispuesta a comprar.

Y si analizamos ese proceso más en detalle, veremos que la verdadera innovación no estaba en la tecnología en sí, sino en el uso conjunto de varias tecnologías provenientes de distintos sectores en ese proceso de transformación. 

Un claro ejemplo es la tecnología GPS, surgida por primera vez en 1957 cuando la Unión Soviética lanzó el primer satélite artificial de la historia con fines de geolocalización, desarrollada posteriormente durante los años 60 por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos con el objetivo de disponer de ciertos datos a cualquier hora del día y de ahí a nuestros días, donde ya se ha universalizado su uso integrándolo con todo tipo de tecnologías como la telefonía, la seguridad, la navegación, etc. En la actualidad, seguimos observando como nacen todos los días Start-Ups cuyo negocio se basa en integrar la tecnología GPS con otras, algunas tan conocidas como Uber, Cabify, Car2Go o Emov lo hacen para cubrir las necesidades cada vez más acuciantes sobre movilidad sostenible, conectada y compartida. 

Una vez que se toma conciencia de que con nuestras propias tecnologías seguimos dentro del juego, parece lógico que lo siguiente sea mirar hacia dentro e intentar fomentar la innovación dentro de las compañías de manera continua. Ello requiere un esfuerzo global muy importante dentro de las organizaciones que ha de estar apoyado de arriba a abajo por una cultura empresarial que contribuya a fomentar las ideas y los productos transformadores sin esperar a que estos simplemente fluyan: cualquiera puede tener una buena idea, hay que estar preparado para saber recogerla.

Por último también cabe observar un gran campo para la innovación en el enfoque a la hora de concebir y diseñar los proyectos o productos, ya no tan centrado en las tecnologías en sí mismas, sino también en su encaje con el mercado al que van dirigidas desde el punto de vista social, medioambiental y económico y desde su fase de concepción: “de la cuna a la cuna” conforme a los principios de la economía circular.

Este enfoque holístico entre tecnología disponible, cultura organizativa y de concepción de producto es lo que nos llevará sin duda ser verdaderamente innovadores.

 

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