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MIRANDO AL SUELO


Los que vivimos en la península ibérica estamos disfrutando/sufriendo – “nunca llueve a gusto de todos”– de un otoño-invierno lluvioso y los embalses presentan ahora un mejor aspecto del que presentaban al final del verano e, incluso, nos han brindado imágenes de aliviaderos de presas vertiendo el exceso de agua. En el otro extremo nos encontramos con lluvias que han originado numerosos episodios de inundaciones con consecuencias indeseables.

Pero los que vivimos en la península ibérica –y en casi todos los lugares del mundo– también sabemos que, tarde o temprano, la variabilidad del régimen pluviométrico provocará que se pase de una situación inundaciones a una situación de sequía. Es entonces, con la sequía, cuando de manera innata las personas miran al cielo en busca de lluvia. Desde luego que la solución tiene que venir de los cielos, porque la solución a una sequía son las precipitaciones, pero mientras no se produzcan las lluvias, una parte de la solución hay que buscarla en la dirección contraria. En vez de mirar al cielo, hay que mirar al suelo.

Como dice Kyle Wiens (CEO de Ifixit) "Vivimos en una era donde se instiga la especialización profunda, la era de lo que el analista Vinnie Mirchandi llama la 'monomateria'". Pero no siempre ha sido así. En el mismo año en que se define por primera vez lo que es un "científico" exaltando la estratificación de la ciencia en parcelas independientes (1840), Humboldt comenzó la obra maestra de su vida: "Cosmos", que pretende todo lo contrario:definir el universo uniendo y dibujando las interelacciones entre las distintas disciplinas.

Hay unas 100 veces más agua dulce subterránea que agua dulce superficial no congelada, estimándose un volumen de agua subterránea de entre 10 y 20 millones de km3 (lo que vienen a ser entre 4 y 8 billones de piscinas olímpicas). En muchos lugares es la única fuente de agua existente e, incluso en lugares donde abunda el agua superficial, la principal fuente de abastecimiento, por temas de calidad, son las aguas subterráneas. Es más, se estima que más del 50% de la población mundial bebe agua de origen subterráneo. Pero ya no sólo se trata de que las aguas subterráneas sean la principal fuente de abastecimiento en muchos lugares del mundo, sino que en otras tantas localizaciones, cuando se produce una situación de estrés hídrico y las fuentes superficiales empiezan a agotarse, la disponibilidad de aguas subterráneas se convierte en un elemento estratégico.

La pregunta es: ¿tratamos a las aguas subterráneas como un recurso estratégico? En muchos casos sí, pero, lamentablemente, en otros muchos no es así. Y no porque no se tenga esta intención, sino porque se requiere de un conocimiento y de un seguimiento y control del acuífero que no se suele tener. De un río, de un lago, de un embalse, vemos su cuenca, sus lechos, sus niveles, podemos ver el agua directamente, tomar muestras, medir su velocidad…, es decir con las aguas superficiales tenemos medida directa y es más fácil obtener datos, controlarlos y gestionarlos.

Es fundamental mejorar nuestro conocimiento sobre los acuíferos. Caracterizarlos geológicamente, obtener sus parámetros hidráulicos, instalar una red de control piezométrico y de calidad, conocer su régimen de extracciones y cómo se recarga.

Desarrollar modelos numéricos que simulen su comportamiento e implementar herramientas de planificación y control que definan cómo se deben explotar, siempre bajo una visión integrada con el resto de fuentes de agua, para que realmente el recurso subterráneo se convierta en un elemento decisivo. Sólo cuando sepamos cómo funciona un acuífero estaremos en disposición de explotarlo adecuadamente. Sólo cuando sepamos cómo funciona un acuífero, lo podremos tratar como un recurso estratégico.

INCLAM ha finalizado recientemente dos trabajos de alto impacto en el que las aguas subterráneas tienen una importancia vital en el suministro de agua en zonas altamente pobladas. El primero es el Plan Especial de Sequías de La Paz – El Alto en Bolivia, donde se ha integrado el aprovechamiento de las aguas superficiales con el sistema de pozos existente para aumentar, en la medida de lo posible, la garantía de suministro de agua a la población. El segundo es el Estudio y Plan de Gestión del acuífero Patiño en Paraguay, el cual es fuente de agua de la ciudad de Asunción. En este estudio se ha realizado una caracterización del acuífero y el desarrollo de un modelo numérico con el objetivo final de establecer un Plan de Gestión del acuífero adecuado a las necesidades y demandas de la población.



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